CUENTOS Y LEYENDAS DE ESCUINTLA
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CUENTOS Y LEYENDAS DE ESCUINTLA
En cuanto a las leyendas abundan las animísticas; es famoso el Sombrerón, pero aún más el Cadejo, que es muy conocido en Escuintla, La Gomera y Masagua. Narran que es un perro negro y lanudo que cuida a los bolos en los potreros, los cañaverales, los patios de café y cerca de las vías férreas. En Tiquisate se cuenta que el Cadejo no permite que los bolos se queden tirados en la línea del tren. Los arrastra y los encuneta para que no les pase el tren encima.
La Siguanaba es un personaje de extraordinaria vigencia en todo el departamento. En Escuintla, por su propio desarrollo económico, los aparecidos y ánimas en pena se han adaptado a las nuevas condiciones. Así, en La Democracia se asegura que la Siguanaba "es una mujer con cara de caballo que se le sube a uno en la moto cuando va para la costa y lo saca del camino". En Siquinalá los conductores de furgones se quejan que al manejar "una mujer vestida blanco se les sube a la cabina y los hace meterse entre las cañas".
También cuentan que en los carretones que transportan la caña, aparecen los Tzipitíos que se chupan el jugo de las cañas cortadas y éstas se "shuquean", por eso en Tiquisate todos los carretones "llevan trapos rojos" para ahuyentarlos.
En Escuintla se dice que durante las tardes, las golondrinas inundan los árboles de los parques y los alambres del tendido eléctrico, no son más que las almas de los abuelos que "vienen de visita para ver como se están portando sus gentes". Por eso es que hay tantas golondrinas en las palmeras de la ciudad.
En Palín los contadores de historias o Aj Q'ijj llaman chimil sa' o excremento de estrellas, a unas estrellitas que antes "cuando no existía la maldad, bajaban a la tierra y al chocar se convertían en monedas de plata, pero cuando apareció el mal dejaron de volverse "bambas de plata" y se convirtieron en gusanos". Se cuenta también que a las cuatro de la mañana se aparecen cuatro estrellas (Cruz Chimil), que son las que guían a los cortadores de caña que bajan de Palín a los ingenios de Escuintla a trabajar los cañaverales. Aquí se narra también la leyenda del Tronchador, un "hombre malo" que aparece en las veredas y caminos de la región, que mata a las personas de susto, debido a lo diabólico de su aspecto.

En Palín existe un paso que se conoce como el puente del diablo. Dice la gente que en ese lugar "pasaban cosas muy extrañas". Cerca de ese lugar se guardaban las máquinas de "Caminos", que siempre se encontraban en buen estado, pero muchas mañanas, los tractores aparecían con "los dientes doblados" y las palas mecánicas cortadas a la mitad. En el pueblo se aseguraba que era el diablo el que llegaba por las noches a jugar con las máquinas y se escondía bajo el puente para burlarse de los peones y capataces que se asustaban mucho.

En este municipio existen leyendas de cerros encantados como el Pan Tereekb'al o cerro Candelaria, el Saq Kyej (o cerro caballo blanco), Pan K'ix che pak, o Pantiaguate, pequeña montaña donde habita el Señor del Cerro. El más famoso es el Peñón de Palín, en donde están refugiados todos los Señores de los Cerros que cuidan la entrada a la región poqomam y cuando un avión los molesta mucho, los señores sueltan a los colibríes para que se metan en los aviones y los boten.
En Santa Lucía Cotzumalguapa, donde habitan herederos de la cultura kaqchikel, predominan leyendas de los señores de los cerros, que son los fieles cuidadores de las montañas y de los volcanes de Escuintla. Así, en el Volcán de Pacaya mora Rajawal Juyú, dueño de este gran cerro encantado. Se asegura también que el volcán siempre lanzará humo, ceniza y fuego, porque "es muy bravo" y sólo se calmará cuando vuelva Gukumatz y el Corazón del Cielo siembre maíz en sus laderas.
La Siguanaba es un personaje de extraordinaria vigencia en todo el departamento. En Escuintla, por su propio desarrollo económico, los aparecidos y ánimas en pena se han adaptado a las nuevas condiciones. Así, en La Democracia se asegura que la Siguanaba "es una mujer con cara de caballo que se le sube a uno en la moto cuando va para la costa y lo saca del camino". En Siquinalá los conductores de furgones se quejan que al manejar "una mujer vestida blanco se les sube a la cabina y los hace meterse entre las cañas".
También cuentan que en los carretones que transportan la caña, aparecen los Tzipitíos que se chupan el jugo de las cañas cortadas y éstas se "shuquean", por eso en Tiquisate todos los carretones "llevan trapos rojos" para ahuyentarlos.
En Escuintla se dice que durante las tardes, las golondrinas inundan los árboles de los parques y los alambres del tendido eléctrico, no son más que las almas de los abuelos que "vienen de visita para ver como se están portando sus gentes". Por eso es que hay tantas golondrinas en las palmeras de la ciudad.
En Palín los contadores de historias o Aj Q'ijj llaman chimil sa' o excremento de estrellas, a unas estrellitas que antes "cuando no existía la maldad, bajaban a la tierra y al chocar se convertían en monedas de plata, pero cuando apareció el mal dejaron de volverse "bambas de plata" y se convirtieron en gusanos". Se cuenta también que a las cuatro de la mañana se aparecen cuatro estrellas (Cruz Chimil), que son las que guían a los cortadores de caña que bajan de Palín a los ingenios de Escuintla a trabajar los cañaverales. Aquí se narra también la leyenda del Tronchador, un "hombre malo" que aparece en las veredas y caminos de la región, que mata a las personas de susto, debido a lo diabólico de su aspecto.

En Palín existe un paso que se conoce como el puente del diablo. Dice la gente que en ese lugar "pasaban cosas muy extrañas". Cerca de ese lugar se guardaban las máquinas de "Caminos", que siempre se encontraban en buen estado, pero muchas mañanas, los tractores aparecían con "los dientes doblados" y las palas mecánicas cortadas a la mitad. En el pueblo se aseguraba que era el diablo el que llegaba por las noches a jugar con las máquinas y se escondía bajo el puente para burlarse de los peones y capataces que se asustaban mucho.

En este municipio existen leyendas de cerros encantados como el Pan Tereekb'al o cerro Candelaria, el Saq Kyej (o cerro caballo blanco), Pan K'ix che pak, o Pantiaguate, pequeña montaña donde habita el Señor del Cerro. El más famoso es el Peñón de Palín, en donde están refugiados todos los Señores de los Cerros que cuidan la entrada a la región poqomam y cuando un avión los molesta mucho, los señores sueltan a los colibríes para que se metan en los aviones y los boten.
En Santa Lucía Cotzumalguapa, donde habitan herederos de la cultura kaqchikel, predominan leyendas de los señores de los cerros, que son los fieles cuidadores de las montañas y de los volcanes de Escuintla. Así, en el Volcán de Pacaya mora Rajawal Juyú, dueño de este gran cerro encantado. Se asegura también que el volcán siempre lanzará humo, ceniza y fuego, porque "es muy bravo" y sólo se calmará cuando vuelva Gukumatz y el Corazón del Cielo siembre maíz en sus laderas.
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