CUENTOS Y LEYENDAS DE SOLOLÁ

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CUENTOS Y LEYENDAS DE SOLOLÁ

Mensaje  Kiaby el Mar Nov 18, 2008 5:20 pm

Entre las leyendas de mayor vigencia se encuentran las de origen de los pueblos y comunidades, en todos los municipios, caseríos y poblados de la región. En San Pablo La Laguna, cuentan que antiguamente San Pablo se aburrió de estar en el cielo, pidió permiso al Señor y se bajó a la orilla del lago de Atitlán. Se les apareció a las personas pero no quiso decir quién era, sino vivió solo a un lugar llamado Quia'k Quix, que quiere decir espina colorada. Entonces los invitó a vivir a ese lugar para instruirlos en un oficio y les enseñó a trabajar las fibras del maguey para hacer lazos, pitas y redes de pescar.

Reunió a todos los hombres, les habló de religión y pidió que le hicieran una iglesia. Les contó que era San Pablo, que le había gustado el lago y por eso ya no regresaría al cielo, por lo que quería tener su propia casa. La gente le suplicó que se quedara y le hicieron una iglesia. Así surgió el pueblo de San Pablo en las orillas del lago. Se dice que como San Pablo estaba feliz en el Lago, mandó a llamar a todos los demás apóstoles de Jesús para que descansaran y vivieran en la orilla del mismo "que es tan bonito que ni en el cielo hay uno igual".
En Panajachel aseguran que un día, una hermosa mujer salió del lago y se casó con un hombre muy bueno de Santa Catarina Palopó, pero el terreno que habían heredado era muy pobre y casi no daba maíz ni legumbres. Cuentan los Ajtziij Winaq kaqchikeles, que entonces el Dios Mundo (Rajawal Ruwach'ulew), se compadeció de ellos y se fue al cielo a buscar al santo más bueno. Entonces encontró a San Francisco, a quien convenció que se viniera a la tierra para ser santo patrón del pueblo.

San Francisco no quería, pero el Dios Mundo le dijo que le daría muchos matasanos y peces de la laguna para que no le faltara nada, así como un pato muy bonito llamado Poc. Entonces San Francisco vino a "echar una ojeada", y cuando vió el lago se maravilló, pidió a los ancianos rezadores (Ajch'ab'”l), que le construyeran su iglesia y que el se quedaría con ellos como su santo patrón.

Por eso dicen que todos los años, el cuatro de octubre, se ve un monje franciscano pescando en las orillas y juntando huevos de pato Poc para que no se acaben.
Otro tipo de leyendas son las del origen del maíz, como en todas las etnias mayanses. Así, entre tanto, los Ajtziij Winaq kaqchikeles de San Antonio Palopó, narran que en tiempos antiguos no conocían el maíz y en el pueblo pasaban mucha hambre.

Ellos sabían que otras comarcas ya los tenían. Entonces los ancianos rezadores (Ajch'ab'”l), le dijeron al hombre más fuerte del pueblo que fuera a buscar ese alimento. El hombre tenía un perro muy listo y se lo llevó. Se fue corriendo hasta llegar al cerro Juyu Sanco'th , donde encontró unas piedras muy grandes. Aunque le costó mucho, el hombre las partió con ayuda del perro. Al quebrarse las piedras, saltaron mazorcas de maíz, pero cuando terminaron de brotar salió una culebra muy grande, la que se enroscó, mordió al hombre y lo metió al cerro. Entonces el perroque era muy listo, agarró con el hocico una mazorca, corrió y llegó al lago, lo atravesó nadando como pudo hasta llegar al pueblo donde todos lo querían agarrar, pero el chucho sólo se dejó tomar de la mujer de su dueño y le dejó caer la mazorca a los pies.



En toda la región sololateca, también existen leyendas de espantos y ánimas en pena. Así, en Panajachel aparece el Duende que da dinero a cambio de maíz. Cuenta don P edro Anleu, anciano de lugar, que los que hacen "trato con el duende" se convierten en "pistudos". Para lograrlo deben dejar un cuarto lleno de mazorcas secas y tusas para que el duende llegue a traerlas, y deje en su lugar tinajas de dinero.

En San José Chacayá se afirma que el Duende hace travesuras a las mujeres y a los caballos haciéndoles nudos y trencitas. En Santa Lucía Utatlán se cuenta que para que el duende no haga travesuras, debe colgarse en la puerta de la casa una herradura y una mazorca con tusa, así el duende pasa de largo y no molesta.



En Santa Cruz La Laguna, región tz'utujil, cuentan los Ajtziij, ancianos rezadores, que una pareja de esposos que vivía a la orilla del lago, entre los tulares, tuvieron una hija muy bonita. Cuando la niña llegó a la "edad de merecer y de hacer oficio", la enviaban todas las tardes a traer agua en la tinaja . La niña, además de acarrear agua, se bañaba en la playa del lago.

El espíritu del agua, al verla se enamoró de ella. Los tatas de la niña se fijaron que siempre que regresaban del lago venía muy contenta y sospecharon, porque el lago se ponía cristalino. Los tatas un día tuvieron que ir al pueblo y dejaron a la niña encerrada, pero la muchacha se salió por la ventana para bañarse en el lago y ver al espíritu del mismo. Cuando volvieron los tatas no la encontraron, se enojaron y se fueron a vivir a Nahualá para que ella ya no pudiera ver al lago. La niña se puso triste y lloró tanto hasta que se murió. Pero el lago se desesperó y empezó a buscarla, por lo que cada vez que sale desesperado, hace un oleaje todas las tardes, para buscar a la muchacha.

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