CUENTOS Y LEYENDAS DE TOTONICAPÁN

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CUENTOS Y LEYENDAS DE TOTONICAPÁN

Mensaje  Kiaby el Vie Nov 14, 2008 12:22 pm

las leyendas animísticas de espantos, aparecidos y ánimas en pena se cuentan en todo el territorio: El Duende aparece en San Bartolo Aguas Calientes; en Santa Lucía La Reforma se aparece la Llorona, grita todos los días. La Siguanaba se baña en los ríos de Santa María Chiquimula y en la Fuente de los Dragones en San Miguel Totonicapán; y la Mula sin cabeza aparece todas las noches en las calles de San Cristóbal Totonicapán. En tanto la Siguamonta, en San Andrés Xecul, tiene su nido de oro y las ánimas benditas en Momostenango y en San Francisco El Alto, los monjes rezadores bajan desde las cumbres nubosas hacia San Cristóbal y Cuatro Caminos.



Una de las leyendas totonicapenses de mayor aliento literario es la siguiente:

Cuentan que en San Francisco El Alto, que en una ocasión el Tragaleguas de San Francisco, hizo un viaje a la costa y a su regreso traía agua del mar, en un tecomate, y un volcán que venía cargando. Al pasar por Atitlán se sintió muy cansado y se durmió. Ahí vació su tecomate y dejó el agua que había traído. Entonces formó el lago de Atitlán.

Siguió caminando con el volcán que traía cargado y cuando llegó a un lugar llamado Santa María, se sintió nuevamente cansado y entonces también lo dejó y después lo llamaron el volcán de Santa María. Sólo regresó con sus ponchos, los que vino a dejar en el cerro de este lugar, al que le llamaron cul (poncho, chamarra de lana). Después, en este lugar se formó el pueblo para recordar al Tragaleguas de San Francisco, que aquí dejó sus ponchos con el que viajaba.

Los Aj'tzijol K'ulmatajem de Momostenango, aseguran que un hombre había viajado a vender ponchos a Huehuetenango, y cuando venía de regreso dispuso bañarse en el Río Negro. Se estaba sumergiendo, cuando vio una gran culebra que salía del río y escupía con gran fuerza en la orilla. Luego la culebra se metió otra vez al río y desapareció. El hombre, todo asustado, fue a ver qué había en la escupida y encontró una bola de metal que brillaba. Se la metió en el morral, pero cuando iba caminando se dio cuenta que entendía el lenguaje de los árboles, de los cerros y de los animales. Entonces cayó en cuenta que la bola de metal era mágica, porque la culebra que había visto era Gukumatz'. El hombre regresó a Momostenango, se volvió muy sabio y muy feliz, porque entendía todo lo que los animales y los árboles sentían y querían. Su mujer, "que lo veía raro porque hablaba solo", le insistió tanto, que el pobre hombre le dijo el secreto y le enseñó la bolita de metal. Luego, vino un gran viento, se apareció Gukumatz', le quitó la bolita y el hombre se murió.


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